Política y reputación, esa extraña conjugación

por | Nov 15, 2024 | Artículos de interés, Reputación | 0 Comentarios

 

Cada cuatro años, la carrera por la presidencia de los EEUU mantiene expectante al mundo por los efectos que un cambio de liderazgo en ese país puede producir a escala mundial. Este mes sabremos el resultado de las elecciones y se producirán múltiples análisis de la victoria de unos y la derrota de otros. Hablar sobre política y manejar los conceptos de coherencia, transparencia, imagen y reputación siempre ha sido complejo y más desde que nos hemos sumergido en eso que el sociólogo Ziygmunt Bauman denomina “sociedad líquida”, concepto tan interesante como inquietante. La política, como la vida en general, está (o quizá deberíamos decir, estaba) plagada de líneas rojas que implicaba que ciertas acciones, opiniones, discursos o actitudes se consideraran reputacionalmente inadmisibles y que hoy, sin embargo, se admiten e incluso se aplauden. Conceptos intocables que podían tener efectos electorales y que ahora aparentan ser inocuos para la carrera política de sus protagonistas. Donald Trump, por ejemplo, se ha visto inmerso en multitud de procesos judiciales e incluso ha sido declarado culpable en alguno de ellos. Esto hubiera sido impensable en tiempos no tan lejanos cuando la reputación de un candidato tenía que ser aparentemente inmaculada o quedaba fuera de inmediato de la pugna presidencial e incluso podía ver truncada definitivamente su carrera política. Pero hoy podemos decir que todo es relativo, se trabaja concienzudamente la opinión pública de manera que se puede justificar, sin gran erosión personal, el descredito sangrante del oponente, de la prensa, del poder judicial o de cualquier otra institución que no encaje en eso que se ha venido a llamar, el relato. ¿Qué es lo que ha ocurrido para que lo que antes significaba la destrucción de la reputación de un político, hoy le convierta en un candidato exitoso?

Se suele decir que defender una visión moralista de la política del pasado es un planteamiento equivocado ya que la falsedad, o el uso estratégico de la mentira, ha sido siempre parte inherente de la actividad política. Bajo la excusa de las razones de estado, se defendía que cualquier operación política encaminada al sostenimiento de un gobierno, justificándolo en el bien del pueblo, debía quedar libre de una valoración moral. Pero obviamente hablamos de conceptos subjetivos. La respuesta a la pregunta planteada es sencilla, no somos la misma sociedad y el marco moral en el que nos movemos ha cambiado. No es extraño, es un fenómeno natural en la historia de nuestra civilización. Otra cosa es que seamos permeables a ello o que estemos dispuestos a aceptar ese aparente cambio en las reglas de juego. Como dice Robert Fishman, sociólogo y politólogo, no mienten todos los políticos. Los hay que mienten algo y a veces, y otros intentan mucho no mentir. Los que más mienten son los corruptos para intentar tapar sus actos.

El efecto de la mentira en política tiene impacto en la vida de los ciudadanos y es un factor que, supuestamente, influye en el rechazo hacia ese comportamiento. Pero a los políticos no les censuramos por mentir como sí hacemos en otros ámbitos. Curiosamente, cuando vemos las valoraciones que se otorgan a los políticos, un aprobado raspado es un éxito, cuando preguntamos por la reputación de la clase política, el dato es demoledor. Pero llegado el momento de introducir el papel en la urna, el efecto electoral no llega a ser equilibrado con la supuesta gravedad de los hechos. La realidad es que no es un tema tanto moral como emocional, es realmente un enfrentamiento entre pasión y razón. Esa palabra que tanto escuchamos en la actualidad, polarización, convierte, debidamente impulsado, al escenario político en un tablero donde la pasión nubla la razón y donde se pierde el espíritu critico en favor de la defensa irracional de la tribu. Sentémonos por un momento y hagámonos una pregunta ¿Somos capaces de analizar las acciones de los políticos afines a nuestra ideología de la misma manera que analizamos a aquellos con los que no comulgamos? ¿Creemos que somos inmunes al ruido o es que, sin darnos cuenta, ya formamos parte del círculo vicioso de las cortinas de humo y los trending topics?

 

Foto de Cyrus Crossan en Unsplash

Artículo publicado originalmente por revista Corporate nº 44 – Edición noviembre 2024

 

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