Presencias que impactan: la fuerza de los eventos corporativos

por | Feb 24, 2025 | Artículos de interés, Comunicación corporativa | 0 Comentarios

 

Tanto los eventos profesionales como corporativos son entornos privilegiados en los que las interacciones surgen de manera natural: fluyen, se interrumpen, toman forma o quedan en pausa, pero siempre generan un espacio ideal para la circulación de ideas. Hoy en día, conforman una plataforma que rebasa los límites del networking tradicional para afectar en las dinámicas de influencia, liderazgo, imagen de marca y reputación.

En España, la industria de los eventos vive una fuerte fase de expansión, impulsada por la necesidad de las marcas de establecer conexiones emocionales con sus audiencias y por la evolución tecnológica, que permite a las empresas potenciar su alcance. El presupuesto concedido en los planes de MarCom es cada vez más notable. Según un informe de Grupo Eventoplus, el 73 % de las empresas del país han incrementado la importancia de los eventos en sus estrategias de marketing, reflejando el apetito empresarial por experiencias que fusionen impacto emocional, innovación comunicativa, creación de comunidades en torno a valores compartidos y retorno estratégico.

Pensar en este tipo de eventos es entender que se trata de un territorio multifacético, donde intereses y estrategias convergen en distintas direcciones. Podemos hablar del poder del networking para construir relaciones comerciales estratégicas, de las conocidas speaking opportunities como vehículos de liderazgo e influencia, del valor de marca que se construye en cada detalle de su ejecución (se me vienen a la cabeza esas fantásticas experiencias inmersivas que entrelazan tecnología, creatividad y narrativa), etcétera.

Seamos claros: en estos actos, las marcas se muestran y, sobre todo, se legitiman. Un ponente, por ejemplo, representa una visión de su organización que proyecta propósito, valores y dirección estratégica. En cada uno de estos elementos se cruzan factores humanos, estratégicos y tecnológicos, capaces de transformar cómo se perciben a sí mismas y a los demás.

Desgranemos algunos de estos aspectos. En primer lugar, los eventos funcionan como puntos de contacto donde ejecutivos y profesionales de sectores variopintos hallan oportunidades a partir de agendas previamente establecidas o en los márgenes informales, en aquellas conversaciones espontáneas, en las preguntas incisivas y en el acto -tan valioso como subestimado- de escuchar con interés. Es en esos momentos de transición entre sesiones y en las pausas para el café donde el momentum cobra vida, permitiendo que surjan colaboraciones capaces de cambiar perspectivas o negocios.

Es justo decir que por mucho tiempo el networking empresarial se asoció a un ritual frío y transaccional: estrechar manos, intercambiar tarjetas, acumular contactos en una lista interminable y poco más. Tengo la sensación de que hoy lo entendemos como lo que siempre fue: una forma de construir relaciones con sentido, una instancia para detectar un «algo» que solo nace de la interacción directa y del conocimiento que se comparte en tiempo real (no olvidemos que es inherente al ser humano la necesidad de conectar).

Cada intercambio que llevamos a cabo tiene el potencial de reforzar -o debilitar- la percepción que otros tienen de nosotros. Pero no es solo quién está en tu red, sino cómo cultivas esas relaciones en el corto y largo plazo, cómo entiendes sus necesidades y cómo ofreces valor a cambio. En este camino, la reputación empresarial y personal encuentran un campo de pruebas exigente y, a la vez, una oportunidad tentadora.

Asimismo, desde la Grecia clásica hasta hoy, hablar en público se ha mantenido como una de las formas más poderosas de consolidar posicionamientos y ejercer liderazgo. Quienes dominan este arte con autenticidad tienen entre sus manos la capacidad de inspirar a la acción. Persuaden. Es por ello que no debemos minusvalorar esta habilidad y debemos trabajarla con los portavoces de las compañías.

Un evento estratégicamente planificado y aprovechado multiplica oportunidades y nos remite a una idea primaria: en el centro de cada negocio, innovación o red, hay personas. Y conectar con ellas sigue siendo el mayor activo de todos.

 

Artículo publicado originalmente por revista Corporate nº 47 – Edición febrero 2025

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