Entonces ¿Quién es el responsable de la información? Observando a los usuarios

por | Feb 2, 2025 | Artículos de interés, Desinformación, Saga ¿Quién es el responsable de la información? | 0 Comentarios

 

Demos otro paso más en esta búsqueda de los responsables de la información. Solo nos queda cambiar el foco y apuntar al emisor de la información: el usuario de las redes. Pero ¿Quiénes son los usuarios de las redes? Pues están todos, estamos todos. Hay empresas e instituciones públicas y privadas, partidos políticos, sindicatos, ONGs o gobiernos y ministerios identificados, medios de comunicación, personajes públicos, celebrities, hay usuarios particulares perfectamente identificados e incluso verificados por sistemas ofrecidos por las propias redes, hay miríadas de usuarios anónimos y hay perfiles falsos de todo tipo, bots creados ad hoc para la difusión de una determinada información, o desinformación. Y esto es así hasta tal punto que se pueden contratar servicios que utilizan esos perfiles falsos. Tenemos el lío delante de nuestras narices (y eso que ni me he acercado a las derivas geopolíticas del tema).

Y hasta aquí, a lo largo de esta serie, no he pronunciado la palabra “influencer”. Todos sabemos que son personas con un gran número de seguidores y notable predicamento (incluso a veces superior a medios de comunicación tradicionales). El año pasado, la IAB Spain junto con Primetag presentaron el Estudio ‘Influencer Economy: los datos del mercado sin filtros’. En este informe se afirmaba la existencia de 235.000 influencers activos en España (más de 10.000 seguidores). Bien, pues el Gobierno de España plantea el control de la información vertida por este tipo de usuarios (en concreto a aquellos que tengan más de 100.000 seguidores en una plataforma o más de 200.000 en dos o más). Estos perfiles pasarían a tener obligaciones parecidas a las de los medios de comunicación sobre informaciones falsas o erróneas. Esto quiere decir que deberían publicar rectificaciones y, llegado el caso, dar derecho de réplica a los afectados para que ofrezcan su versión. Aquí hay que pararse un momento. Una cosa es un error en una noticia y, otra diferente, es una noticia falsa intencionada. Lo primero atañe directamente al derecho de rectificación y, lo segundo, estaría más relacionado con la vía penal. ¿Qué opinan los abogados?. También me asalta una duda… ¿Esto afectaría, por ejemplo, a los propios políticos que reúnan los seguidores suficientes y que se demuestre que hayan faltado a la verdad? ¿Y si ese político fuera aforado? Para que esto funcione alguien debería denunciar al influencer que supuestamente esté faltando a la verdad, esa demanda debe acabar en un juzgado donde se deberá dilucidar la veracidad de la información. Si hacemos el paralelismo con las leyes relativas a injurias, calumnias o también delitos de odio o enaltecimiento del terrorismo, vemos que no es algo tan fácil cómo pudiera pensarse y que, habitualmente es algo que termina en un debate polarizado (¡qué sorpresa!) y hasta se termina atacando al juez calificándole de lo primero que a unos u otros se les pase por la cabeza. Según sea la sentencia y nos guste más o menos, claro está.

En la Red vemos como hay múltiples voces emitiendo información de todo tipo. A veces sujeta a cierto control y otras veces de forma completamente libre (que dirían algunos) o descontrolada (que dirían otros). ¿Pero qué es lo que cree el usuario al que estamos observando en este post de hoy?

La agencia evercom, en colaboración con Smartme Analytics, publicó el informe Jaque a la verdad, donde analizan el impacto de las redes sociales y los medios tradicionales en la percepción de la credibilidad informativa. Según los datos del, el 77% de los ciudadanos considera que los medios tradicionales son más fiables que las redes sociales. Entre los medios de comunicación destacan la radio (69%) y la prensa escrita (61%) liderando la credibilidad. Por otra parte, TikTok (28%) y Facebook (31%) tienen menor credibilidad en temas informativos. Curiosamente, el 60% considera que las redes sociales nos muestran la información de forma más atractiva. Y ese porcentaje se eleva hasta el 75% entre los jóvenes de 16 a 24 años. Una interesante conclusión es que esta percepción contrasta con la credibilidad que se da, como vemos, a estos medios, lo que insinúa que la estética y la inmediatez pueden estar captando la atención de los jóvenes sin ser algo que sea directamente proporcional a la creación de confianza en el mensaje que se difunde.

Resumiendo. Tenemos un altísimo número de usuarios en redes que reciben una presión informativa tremenda de todo tipo de fuentes. Afirman que reciben información falsa constantemente y un buen número reconoce que no es capaz de identificarla. Sin embargo, dicen que confían más en los medios de comunicación tradicionales, aunque los datos nos muestran que decrece su uso por parte de la sociedad en general. Los influencers aumentan en número y audiencia y, por que parece, las redes sociales son más atractivas en la forma, aunque no parece que el fondo genere credibilidad. Pareciera que los árboles no nos dejaran ver el bosque ¿Por qué entonces la desinformación es un problema tan grave y gastamos tanto esfuerzo, tinta y saliva en este problema?

Basta por hoy. Más que desenredar este embrollo, lo vamos complicando cada vez más. Entonces ¿Quién es el responsable de la información?

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